TELEVISIONES IMPÚDICAS, BASURA POR DOQUIER

Archivado bajo (Análisis de actualidad) por José Luis Martín el 19-11-2009

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Tira, el share, la audiencia televisiva, la cuota de pantalla, más que dos carretas. En su nombre y en su honor, se cometen las insensateces más gordas. No hay límites, todo es diáfano y todo es permitido. Es claro y es medidiano que nuestras teuves -quiero decir las de ellos- buscan el cliente aunque sea debajo de la tierra, el mayor número, al coste que sea. Para ello, ya está dicho, no se paran en barras, ni en tontas moralidades, todo les parece permitido y pausible.

Los clientes son la publicidad, la publicidad son los clientes. A mayor número más anuncios. Poco les importa que para llegar prescindan de la calidad de lo emitido, ni la calidad de los escuchantes mirones, ellos se tiran de bruces, quero decir con el bolsillo bien abierto y sin miramiento alguno. Todo lo demás no está en su ética recien aliñada, muy lejos de aquello que nos enseñaron que era bueno.

Lo mismo da que quien aparezca en pantalla, o mejor dicho y a ser posible, quien lo haga, deberá estar adornado, muchisimo mejor, arrastre, lacras varias, cuanto más vergonzantes, mejor. Si el asesinato reune alevosia, biografía carcelaria y desfachatez del cuentista, créanme que pronto lo veremos en pantalla. Se están agotando los corruptos, los ladrones, que salen en pantalla defendiendo, no el hecho que relatan, esto lo mismo les da, van a defender el dinero que cobran por asistir al programa. El morbo mueve y quien no se flipa ante un hecho así, es que tiene sueño o está pensando en algo mejor. Los más sentimos vergüenza ajena.

¿Qué exagero?. Entonces es que usted no ve la televisión. Usted pasa el tiempo emperrado en lo que ya no se lleva: el estudio y la reflexión.

Ahora, amigo, quien cuenta más y peores cosas tiene la audiencia asegurada. Hay programas donde la moral y las buenas costumbres suenan a chino mandarín, se quedan para siempre a la puerta del estudio. Y si, quien más y con mas morbosos detalles cuente su sino, su aventura, su trozo de biografia que debería olvidar, la sarte de repugnantes hechos, su drogadicción, sus variados vicios, tiene la ternilla de la nariz quemada por cuanta mierda a ingerido por ella, mucho mejor.

Que el programa puesto en pantalla no termina de cosechar el éxito esperado, ya hay otro en la recámara. Si aquel se quita por morigerado, cuando era una verdad indiscutible que escandalizaba al mismo capo de la mafia calabresa, se busca y se encuentra otro infinitamente peor.

Y el espectador, resignado y paciente, ni se le ocurre levantar la voz. ¿Para qué? Sería inútil, dice, por que  podría darse el caso insólito, pero pausible, que a esta rareza de la naturaleza actual, a este  individio asombroso, le pusiran la alcachofa delante de su boca para que emitiera su aberrante como retrógrada opinión sobre tales programas.

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