LA PUNTA DEL ICEBERG

Archivado bajo (General) por José Luis Martín el 25-11-2009

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Después de una semana, el tiempo transcurrido desde que el fiscal general del Estado expusiera ante el Congreso de los Diputados las 730 causas en marcha, en la que se investiga a cargos públicos por corrupción, hoy es la fecha que no alcanzo a salir de mi confusión, del asombro que me han causado sus palabras.

El fiscal general a través del Congreso transmite un mensaje de tranquilidad a la ciudadanía, asegurando la escasa cantidad, que no  entidad, de estos investigados, cuando el número de concejales, alcaldes, parlamentarios y demás cargos públicos o políticos se eleva la nada despreciable cifra de 66.000. Nada más y -añadimos nosotros- nada menos que un 1%.

Señor Conde Pompido, don Cándido, o usted hace honor a su apellido, lo que pongo en seria duda, o posee amplias tragaderas morales. Uno sólo de los políticos corruptos ensucia la vida pública. Por tanto, los más de setecientos escandalizan.

Tampoco puede tranquilizarnos, todo lo contrario, saber que tales impresentables -para eso escogieron la política, como futuro de grandes aspiraciones dinerarias, que no por amor ni por servicio a la Nación, sin por ello correr los riesgos a los que se exponen los atracadores de bancos o los tironeros- se reparten por la casi totalidad de los partidos. Tanto me da que el mayor número de estos ladrones, amigos de los ajeno como ahora se dice, lo ostente el PSOE como el PP o IU. Tan solo se debera la causalidad y al número de puestos que cada partido haya conseguido en sus aspiraciones en las urnas.

Si nos preocupa la facilidad con la que esta gentecilla llega a tales puestos. Si nos preocupa saber que todo vale y que a nadie se investiga porque, el mero hecho de apuntarse a un partido, ya ha obtenido el marchamo de capacitación. Y esto no  es así, no debe de ser así, los primeros en saber con quien se juegan los cuartos -en definitiva son los nuestros- son los tribunales propios, tribunales de capacitación demostrada, también para examinar la materia, tanto gris como espiritual del aspirante, también para no consentir el menor de los deslices, antes o después de ejercer el cargo.

Cualquiera no sirve, tiene que haber demostrado cualidades que le distingan, que le avalen sus logros, que no venga limpio de curriculum, que se les exiga algo más que al opositor para un puesto de trabajo en la Administración. Y como ya hemos dicho, a la menor perdida de vista del camino recto, ponerle en manos de la justicia y esta, sea ejemplar en el castigo -el mal que nos asfixia- para que quien se atreve a hacer algo igual sepa el correctivo que le espera.

Por último, señor Conde Pompido. don Cándido, ustd sabe, como el resto del personal y por su puesto mucho más, que estos casos, tan pocos como usted a bombo y platillo proclama para nuestra tranquilidad,, no son más que la punta del iceberg que se esconde en aguas más profundas.

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