RENTA VARIABLE, RENTA FIJA

Archivado bajo (Finanzas personales) por José Luis Martín el 26-01-2010

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Gestionar los ahorros no es cosa baladí, menos aún fácil y en ocasiones hasta complicado. Una salida tradicional, un resorte que se aprende pronto, son los valores, acciones de las Bolsas de Comercio. Renta variable

En tiempos de bonanza económica, como los que hemos vivido años atrás, tampoco se precisaba ser un lince para acertar donde poner nuestros dineros para obtener de ellos un buen rendimiento económico. Aún así, hay que ser avispado y en modo alguno locos, cuando no idos, ello nos puede conducir a los mal llamados “chicharros” bursátiles; ya saben, valores con apariencia de pasarela de moda, gala a todo trapo, que resultan ser engaños manifiestos o cuanto menos inversiones a muy largo plazo.

En consecuencia, invertir en Bolsa, como en cualquier otra actividad de la vida es preciso, al menos mientras las pilas del conocimiento particular se cargen, fiarse del técnico, del apoderado o del expeto en general, aquel que nos infunda y demuestre sus altas dotes para tales menesteres.

Si aún así preferimos ir por libres no hay que olvidarse de las dos imprescindibles etapas que deban darse en todo proceso de inversión. La primera será el estudio, a ser posible exhautivo del valor que nos disponemos a comprar y posteriormente, su mantenimiento y venta en el momento propicio. No siempre tan sencillo como se pueda creer.

En el parquet de la Bolsa existe un lema que es conveniente respetar para no llevarnos sorpresas desagradables. La expresión extendida dice que: “el último euro que lo gane otro“. En realidad nos está advirtiendo de correr riesgos innecesarios cuando la inversión nos ha sido a todas luces rentable.

Estas inversiones en  renta variable , sin duda arriesgadas, en ellas hay que tener en cuenta la marcha de la empresa propietaria de las acciones, la eficacia demostrada en el curso de su existencia, si esta es larga o corta, las personas que la actualidad están al frente de ella y sus capacidades demostradas, los dividenos en dinero o en acciones dados en los últimos periódos. Y todo ello, mirando el devenir bursatil que fluctua, en muchas cosasiones sin tener en cuenta las hojas que mueve, al socarire de la economía real del país.

Estamos de acuerdo que la inversión en renta variable supone un riesgo que suele venir compensado con la posibilidad de una ganancia más provechosa. Ahora bien, la renta fija, que sin duda es más segura, igualmente necesita de los mismos cuidados y advertencias dadas para la inversión en acciones.

Se llama renta fija, no al precio que varía en función del mercado, lo de fija hace referencia a la renta que vamos a percibir al finalizar el contrato firmado y, por supuesto, su garantía viene dada por la solvencia y seriedad del emisor. No es lo mismo la emitida por un particular, que la que está garantizada por un Estado.

Aquí, el riesgo se corre en función del emisor y en función del interés que paga. Cuando los intereses rebasan ampliamente los que te dan entidades más solventes, al menos hay que desconfiar. En ocasiones podemos perder parte de la cantidad prestada, si no toda, cuando nos enfrentamos a especuladores que, de salirles el juego bien, ellos se forran, sin que tales logros reviertan al interés pactado o por el contrario, fracasan y hacen perder al comprador su inversión.

Dos formas son estas de inversión donde podemos encontrar rentabilidaad a nuestros ahorros, aunque, en ninguna de ellas convine perder de vista al timonel.

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