MONIGOTES Y TÍTERES EN LAS EMPRESAS

Archivado bajo (Análisis de actualidad) por José Luis Martín el 01-03-2010

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Hay empresas tan capaces, tan fuertes y esplendorosas, que logran resistir las metiduras de pata de sus mandos sin siquiera cambiar el gesto. Estos altos mandamases, más veces son designados por la voluntad del dedo índice que contratados por méritos propios.

Son estas empresas tan consistentes, que aguantan estas voladuras incontroladas como réplica de su solidez. En demasiados casos, estos ataques a su firmeza no llegan a notarse nunca. En otros, por la importancia del desmán que causan se advierte del atentado y se le procura remedio, casi nunca en la persona del causante. Por último diremos que la multiplicidad  de tales ineptos, muchos más que los que se advierten a simple vista, personas de medio pelo al frente, da con la estructura de la empresa en tierra.

Cuando, como en los tiempos que corren, tan soberanamente desajustados, estas prácticas nocivas advierten con más antelación del peligro, donde la falta de experiencia, cuando no la mencionada ineptitud intelectual o falta de preparación, nos conducen.

Si la maquinaria del tren empresarial tuviera capacidad en cada una de sus unidades, pronto se advertiria donde está el peligro, quién descarrila o se saltó enteramente el raíl o riel. En indudable siniestro bastaría para poner coto al desorden.

La importancia y responsabilidad de la dirección de una empresa pasa por evaluaciones periódicas de todos y cada uno de los sectores que la componen, no sólo examinando sus resultados puntuales, que también, igualmente la forma que han concebido individualmente para dar y conocer la satisfacción o no de los logros o los fracasos.

Es muy posible que alguna de las empresas ahora cerradas,de las muchas que lo han hecho como consecuenia de la crisis, bien hubieran podido resistir, incluso salvarse, de haber tenido en los puentes de mando personas solventes.

La empresa, es sabido, cumple además una responsabilidad social muy a tener en cuenta, ahora mucho más pues nos encontramos en una circunstancia, si no desconocida, si muy singular. Nadie había concebido una crisis con tanto y tales repercusiones por lo que, hay que pensar que la economía que viene, su devenir y su desarrollo, guardarán similitudes con la anterior, que duda cabe, pero tendrán que incorporar elementos nuevos.

Además del beneficio final, donde la parte del león se la llevan los componentes de la cúpula, de aquí en adelante tendrá que ser algo más repartida. Mejorarán todos cuantos la componen la empresa,  de forma más paritaria el pastel de los trabajadores, así también los proveedores, el medio ambiente etc. La comunidad total y entera. Habrá que sopesar nuevos valores, ya no se podrá, alegremente como se ha venido haciendo y aún se hace, en épocas de vacas flacas como las que estamos pasando, aumentar la cúpula y aumentar consiguientemente sus emolumentos. Aún cuando el beneficio final de la empresa es negativo y se salva de la debacle por los pelos.

Los ajustes deben estar a la orden del día. Dando comienzo por aquellos cuyos incentivos son muy altos. Nunca por el trabajador que es, como venimos repitiendo, el verdadero perjudicado de esta crisis.

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