REGENERACIÓN POLÍTICA, RESTAURACIÓN ECONÓMICA

Archivado bajo (Análisis económico) por José Luis Martín el 02-01-2012

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En ocasiones, el ya presidente de este país, Mariano Rajoy, pone en duda su lugar de nacimiento. Porque ser gallego y no profesar como tal, es considerado por muchos pecado de “lesa majestad”. En él, en su persona, más ahora, cuando todo lo tenía a su alcance, hablar a la “pata la llana”, es decir, no pensar en la trascendencia que pueden tener las afirmaciones que hoy conviene decir sin percatarnos que van a adquirir, como quien dice, en el día después, peso específico, y que supone renegar de la perspectiva y lo que es peor, de su tierra carísima de Lugo. Perdón, de Pontevedra, no, no, de Santiago de Compostela, La Coruña. Parezco gallego.

¡No le hubiera sido más sencillo, fácil y lucrativo decir que, si bien en su pensamiento de aspirante a la presidencia de España, subir los impuestos no entra en su ánimo, sopena pasmos que nos obliguen a tomar decisiones drásticas, motivadas por tales sorpresas!

A la postre hubiera dicho lo mismo y se hubiera guardado la posibilidad de una justificación a posteriori. De aquí, de su no practicar el galleguismo, que el resto de los escuadrones políticos varios, grandes unos y pequeños todos, le saquen con razón a colación los colores a la cara, pues la primera de sus medidas es negarse a si mismo, subir los impuestos que prometió no tocarlos por lo más venerado.

Claro que no dejo de pensar que también lo hiciera a propósito, para permitir a Rubalcaba, don Alfredo Pérez, sacar pecho e incidir con su mellada espada en la decisión tomada, sin advertir que, la recesión era un hecho con su gobierno y el déficit del 8 por ciento asimismo o igualmente.

Con tales afirmaciones acaso no se sienta tan a disgusto de haber pertenecido al núcleo político de gobierno más inepto que ha tenido España en los albores de una democracia manca o coja, o si se quiere todo a la vez.

No esperábamos, estaba claro y no deja de ser meridiano, que las soluciones del mal económico que tienen al borde del abismo a cinco millones de parados y en un pasmo a casi todo el resto, dieran comienzo restando a los privilegiados sus sinecuras. Sale más barato, sin duda y de forma general, posiblemente por aquello tan socorrido de: mal de muchos, consuelo de tontos.

Porque, a ver, ¿quién es el guapo que se atreve a decir a los Senadores que nada hacen, que nada o muy poco significan y que en los momentos actuales están de sobra en el ordenamiento del país?

No, es mejor, por seguir con el ejemplo, quitar un 20% a las asignaciones que tienen otorgadas los sindicatos y que, todos, sin excepción –es un decir- sin estar afiliados, como sería lo lógico y lo natural, pagamos. Otro tanto podríamos decir de los empresarios, CEOE, que también vienen a cobrar subvenciones y casi, casi, pondríamos techo a los dineros que sirven, tan ricamente, para pagar a los políticos, esos que se afilian a los partidos desde su más tierna infancia y les sirve, casos como el del EX, con mayúsculas, para vivir opíparamente la vida sin pegar ni chapa.

Es claro que atreverse a cercenar tales prebendas supondría, así, de entrada y a bote pronto, regenerar la política, que falta nos hace, para ponerse en camino de restaurar la economía, que es obvio que también.

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