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03MONTILLA SE DESPIDE A SU ALTURA
Archivado bajo (Análisis económico) por José Luis Martín el 03-12-2010
Tags: Duran Lleida, Más, Montilla
Si, señor, eso es una despedida en toda regla. Por si alguien no se hubiera enterado, de cuan panoli se puede ser en la vida política, naturalmente poniendo el bolsillo abierto a la altura de las circunstancias, Montilla, el don José de Córdoba la bella, el mismo andaluz que quiso hacer del “Está todo”, las mismas alforjas donde se guardara la independencia catalana, se despide de acuerdo y a la altura de su demostrada trayectoria.
Juzguen si no. Tal como se lo cuento, aprueba un decreto por el cual, los estudiantes en la región nombrada, Comunidad o como le plazca a usted llamarla, podrán elegir llevar a cabo su bachiller en catalán o en francés. Flaco favor es este, por más que los perjudicados, cuando quieran protestar, el responsable del desaguisado, estará, cuanto menos, lejos, si es que no ha emprendido el llamado camino de la verdad, ese de irás y no volverás.
Si este país fuera serio, que no lo es, de aquí los 17 reinos de taifas, los estrambóticos fines para los que se crearon las Cajas de Ahorros, la irresponsabilidad con la que actual políticos de tres al cuarto –para sí quisieran ser los honorables cargos que se estilan fuera de nuestras fronteras- y un largo etc., ese etc. que ni siquiera conocemos otra cosa que la punta del iceberg. Bueno, pues a este político se le debería juzgar duramente, se le debería, se que lo que pido es duro, prohibirle entrar, por los siglos de los siglos amén, en Córdoba, su pueblo.
Cataluña, a pesar de los pesares, casi siempre de aquellos que no advierten otra forma de medrar que gritando como posesos memos, su independencia del resto de España, lo hemos dicho y repetido muchas veces aquí, es uno de los más esclarecidos puntales de nuestra economía. Echando la vista atrás –si lo hacemos al revés abría que mirar para abajo, para distinguirla anclada en el pozo donde la han sumido- ella por si sola, era capaz de sacar las castañas del fuego al resto de la piel de toro. Contaminada por los malos e irredentos dirigentes, no sólo ha perdido esa supremacía, está siendo duramente castigada por la realidad que todos advertimos.
De ahí que el cambio político lo hayamos saludado con albricias y esperanzas: quienes vienen a dirigir la nave tienen la suficiente entidad como para hacerlo bien, contribuyendo así al esclarecimiento de esta bruma que nos tiene sumidos en la misma desesperación y en la ardiente oscuridad, que diría el poeta.
De no hacerlo así, como se espera, se equivocarán de medio a medio, siendo la situación mala para todos. Tanto Artur Mas como Durán i Lleida, son políticos de contrastado prestigio y personalidad relevante para, si no se le traban los claves, pues que duda cabe que corren el peligro de caer en el pecado de unos pocos, bien pueden recobrar y redimir la economía catalana, esa que fue siempre un ejemplo a seguir.




